En reciente intercambio de comentarios, sobre un artículo de Luigi Echeverri, con Jorge Iván Cuervo, columnista de El Espectador, me formuló algunas preguntas relativas a afirmaciones mías. Quisiera hacer mención, con la autorización de Cuervo, de algunas de ellas.

1. “¿Es posible superar el capitalismo?”

Esta es una pregunta cuya respuesta solo podrán darla los hechos. Hasta el momento el modo de producción capitalista sigue siendo dominante en el mundo, aunque con algunas experiencias socialistas vigentes, como Corea del Norte o Cuba, y con sociedades que se mueven en el marco de relaciones globales capitalistas, pero dirigidas por partidos comunistas como es el caso de Vietnam y China. Lo que muestra la historia es que desde que se consolidó el capitalismo, especialmente en Europa, se han conformado partidos diversos que tienen como objetivo superar el capitalismo y organizar sociedades socialistas y comunistas. La primera revolución socialista en Rusia y la creación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas duró 70 años. Ha habido intentos de revoluciones y transformaciones hacia el socialismo en otros países que no han tenido éxito. Lo cierto es que hay contradicciones al interior del capitalismo que generan tendencias constantes hacia el socialismo.

Teóricamente Marx realizó un estudio del modo de producción capitalista, no una propuesta y descripción de una sociedad socialista o comunista, aunque en algunos textos breves hizo algunas menciones. La conclusión del análisis realizado en El Capital consiste en que la clase trabajadora solo tiene como opción, para transformar esencialmente su situación, la superación del capitalismo.

En El Capital Marx muestra que el desarrollo del modo de producción capitalista va generando, involuntariamente, elementos de socialización de las fuerzas productivas. Por ejemplo: la enorme concentración y centralización de la producción, la conformación de organizaciones que agrupan cientos de miles de trabajadores en formas de producción colectivas, la creación de sociedades anónimas, y la necesidad de una instancia de coordinación, control e intervención de grandes dimensiones: el Estado. Al interior de estas grandes organizaciones y del Estado se opera mediante la dirección, la planificación y la distribución técnica de funciones y procesos, y no por el mercado y la competencia entre los individuos. Por tanto, el capitalismo engendra elementos de socialización de la producción a su interior. Esto explica el rechazo instintivo y violento de sectores capitalistas al crecimiento y fuerza de las instituciones estatales.

2. “¿Es posible otro modelo de producción que no incluya capitalismo y fuerza de trabajo?”

En la tradición marxista se utiliza usualmente modo de producción y no modelo de producción. Históricamente hubo modos de producción no capitalistas, comenzando por formas originarias de comunismo, pasando por la esclavitud, la servidumbre y diversas formas similares en las cuales no existía la relación social capitalista fundamental: la relación entre capitalistas (dueños del dinero y de los medios de producción) y trabajadores asalariados (propietarios solamente de su fuerza de trabajo, forzados a venderla a los capitalistas para obtener los medios de vida).

Hacia el futuro, la respuesta nuevamente está abierta, depende la acción práctica y la lucha entre defensores y adversarios del capitalismo. Lo evidente es que el modo de producción capitalista es un producto de la historia, no es un modo natural y eterno, como quisieran muchos. Ocurre, sin embargo, que hay quienes reconocen que ha habido una historia, los diferentes modos de producción antes del capitalismo, pero que la historia se detuvo al llegar a esta etapa de desarrollo de la sociedad. Se trataría del fin de la historia. Buena parte del esfuerzo intelectual de los defensores del capitalismo consiste en tratar de sustentar este enfoque, en argumentar el carácter casi natural del capitalismo, en no ver alternativas a esta sociedad y en acentuar lo negativo de las experiencias reales del socialismo como medio para asustar y prevenir las ideas comunistas.

De otra parte, en todo modo de producción hay fuerza de trabajo. Tanto en la sociedad más antigua o en el esclavismo, como en el capitalismo más desarrollado o en el socialismo, hay fuerza de trabajo. El trabajo es una necesidad común a todo modo de producción. Pero adopta formas distintas. Lo distintivo del capitalismo no es que exista fuerza de trabajo sino que sea fuerza de trabajo asalariada.

¿Cuál es la alternativa al trabajo asalariado?

La esencia de la relación capitalista es el trabajo asalariado. El trabajo asalariado es una forma más de trabajo entre otras que han existido a lo largo de la historia de la humanidad y de las que podrían existir hacia el futuro. La existencia de trabajo asalariado implica necesariamente la existencia de capitalistas: son dos elementos contradictorios de una unidad, dos polos indispensables de una misma relación.

El trabajador asalariado es aquél que no cuenta con medios propios de producción. Es decir, no puede por su propia cuenta producir los bienes y servicios que necesita para vivir, ni producir alguno de ellos para venderlo y obtener el dinero para adquirirlos. El trabajador asalariado es propietario simplemente de su fuerza de trabajo, es decir, de su capacidad de trabajar: una determinada energía física y mental, un conjunto de conocimientos y habilidades para realizar unas tareas productivas determinadas. Pero no puede poner en funcionamiento esta capacidad de trabajar hasta que no es contratado y vinculado a un proceso productivo por el capitalista. El capitalista es propietario de una suma de dinero con la cual compra medios de producción (terrenos, instalaciones, máquinas, herramientas, materias primas, etc.) y también fuerza de trabajo, con el fin de realizar un proceso de producción. Los capitalistas destacan este aspecto para señalar que son indispensables y útiles, pero lo mismo podría decirse del señor feudal o del amo esclavista, en sus respectivos modos de producción.

La unidad entre medios de producción y fuerza de trabajo, para realizar unos procesos determinados de producción y de trabajo que conduzcan a un producto (bien o servicio) que se llevará al mercado, solo puede ser realizado por el propietario de los elementos de producción, es decir, por el capitalista en este modo de producción. Esta situación es, como hemos dicho, un resultado histórico, el producto de un conjunto de hechos concretos que llevaron por una parte a la acumulación originaria de dinero en unas manos, y, por la otra, a la expropiación de medios de producción de una gran masa de trabajadores. Los trabajadores asalariados aparecen en la sociedad capitalista como seres humanos libres en un doble sentido: por una parte, libres de medios de producción, por la otra, libres para vender la única mercancía que poseen su fuerza de trabajo. En esta sociedad, la fuerza de trabajo se convierte en una mercancía.

Históricamente, así como hubo otros modos de producción, también hubo diversas alternativas de trabajo. Existió un trabajo comunitario en las primeras sociedades humanas, existió el trabajo esclavo, existió el trabajo se servidumbre. Todavía hoy en día no todos los trabajadores son trabajadores asalariados. En la sociedad colombiana de cerca de 23 millones de personas ocupadas, hay más o menos 12 millones de trabajadores asalariados y casi 10 millones de trabajadores por cuenta propia, dentro de los cuales ocupan un lugar cuantitativamente muy importante los productores campesinos, los vendedores en pequeña escala y los artesanos. Estos trabajadores no son trabajadores asalariados: no venden su fuerza de trabajo. Venden (o comercializan) un bien o servicio, por medio del cual obtienen el dinero necesario para comprar sus medios de vida. Pero son productores directos no asalariados que están inmersos en una sociedad en la cual predomina el capitalismo, es decir la relación asalariada. Muchos de ellos cumplen funciones para empresas capitalistas enormes (venden productos de la Nacional de Chocolates, Postobón, Cocacola o Quala), lo que hace que en la práctica sean una especie de asalariados disfrazados; o prestan sus servicios por intermedio de grandes empresas capitalistas (UBER, Rappi, etc.).

La alternativa al trabajo asalariado implica una sociedad en la cual se eliminen los dos grandes rasgos generales del capitalismo: a) una sociedad de productores privados formalmente independientes, en la cual hasta la fuerza de trabajo se convierte en una mercancía; b) una sociedad de clase en la cual los capitalistas son dueños del dinero y los medios de producción y compran la fuerza de trabajo. En dicha sociedad la producción debería ser un acto consciente y planificado del conjunto de sus miembros, en la cual desde el comienzo se distribuyen las funciones de cada cual y se determina su participación en el producto. En esta sociedad no habría trabajo asalariado, dado que no hay venta y compra de fuerza de trabajo. Sería un trabajo colectivo se seres humanos libres y asociados.

La preguntas de Jorge Iván son comprensibles. En la sociedad capitalista tendemos a pensar que todos sus elementos son naturales y no es fácil concebir una alternativa. Por ejemplo, el hecho de que las mercancías tengan un precio en dinero, es decir, un valor diferente de su valor de uso, es algo tomado como dado, que no se cuestiona ni se investiga. Lo mismo ocurre con respecto al hecho de que la fuerza de trabajo sea una mercancía. Los economistas de las escuelas dominantes estudian el mercado laboral, pero nunca se preguntan por qué razón existen personas forzadas a venderse en el mercado.

En el capítulo 1 de El Capital Marx hizo algunas menciones específicas sobre esto al examinar los planteamientos de economistas clásicos como Smith y Ricardo, entre otros. Planteó lo siguiente:

  • Los economistas clásicos investigaron el contenido de las formas visibles y cotidianas del capitalismo (los precios, su movimiento, el dinero).
  • Encontraron oculto detrás de estos fenómenos el trabajo, descubrieron que el valor depende del trabajo y la magnitud de valor de la cantidad de trabajo.
  • Pero no se preguntaron nunca por qué razón el trabajo adopta la forma del valor, es decir, de los precios y del dinero. Esto lo tomaron como algo dado que no ameritaba explicación.
  • La razón para Marx no es solo que su atención se dirigió principalmente hacia la magnitud del valor.
  • La razón es más profunda: su concepción de la sociedad, su marco teórico, les decía que el capitalismo era una especie de sociedad natural. Por tanto, tomaban lo existente como algo natural.
“La economía política ha analizado indudablemente, aunque de un modo imperfecto, el concepto de valor y su magnitud, descubriendo el contenido que se escondía bajo estas formas.  Pero no se le ha ocurrido preguntarse siquiera por qué este contenido reviste aquella forma, es decir, por qué el trabajo toma cuerpo en el valor y por qué la medida del trabajo según el tiempo de su duración se traduce en la magnitud de valor del producto del trabajo.” (p. 45). “La razón de esto no está solamente en que el análisis de la magnitud del valor absorbe por completo su atención. La causa es más honda. La forma de valor que reviste el producto del trabajo es la forma más abstracta y, al mismo tiempo, la más general del régimen burgués de producción, caracterizado así como una modalidad específica de producción social y a la par, y por ello mismo, como una modalidad histórica. Por tanto, quien vea en ella la forma natural eterna de la producción social, pasará por alto necesariamente lo que hay de específico en la forma del valor y, por consiguiente, en la forma mercancía, que al desarrollarse conduce a la forma dinero, a la forma capital, etc.”(Marx, El Capital, Crítica de la economía política, Tomo I, FCE, 1975).

En el mismo capítulo 1 dice Marx que la sociedad capitalista se caracteriza porque las relaciones sociales de producción entre los seres humanos aparecen como propiedades materiales de los objetos. Una mercancía, por ejemplo, una mesa, tiene un conjunto de propiedades físicas pero al tiempo una propiedad social (metafísica), el valor, es decir una objetividad diferente, que es el reflejo de las relaciones entre los productores de mercancías.

Quienes vivimos en esta sociedad operamos con los objetos materiales cotidianos y nos formamos una representación de estos objetos, adoptamos unas categorías mentales determinadas. No indagamos por el proceso de creación de estos objetos ni por tanto por el proceso de desarrollo de estas categorías. Estos objetos nos permiten movernos: todo el mundo usa el dinero y tiene una noción sobre él, pero no sería capaz de explicar qué es precisamente. Todo el mundo sabe que es un salario, pero quizá ni los mismos trabajadores asalariados podrían explicar qué es el salario, a pesar de que lo cobran todos los meses.

Las formas materiales de las relaciones sociales con sus correspondientes formas de pensamiento objetivas nos permiten movernos pero ocultan: nos muestran el resultado, pero no el proceso. Nos ofrecen el dato observable y medible, pero no la explicación. Comprender el capitalismo significa investigar, producir categorías científicas, no quedarse en lo dado. La ciencia económica dominante en nuestras facultades de economía nunca se hace las preguntas de fondo, opta por quedarse en la superficie de los fenómenos.

Lo interesante de El Capital de Marx es que nos muestra lo dado pero al tiempo expone su proceso de creación mediante su método expositivo particular. Pero, además, expone las formas de pensamiento que se desarrollan espontáneamente dentro del capitalismo, así como las formas de conocimiento científico. Por esto resulta un texto difícil para aquellos formados principalmente en el empirismo.

3. “¿Partido del capitalismo?”

En un texto breve titulado “Salario, precio y ganancia” preparado como conferencia para una reunión de la Asociación Internacional de Trabajadores en 1865, Marx establece una distinción importante sobre la actuación política de los trabajadores. De acuerdo con Marx, los trabajadores deben luchar por el aumento de los salarios y realizar acciones constantes de defensa contra todas las acciones de los capitalistas tendientes a su disminución. Pero esto no es suficiente. Esta es una lucha contra los efectos y no contra las causas. Si los trabajadores buscan efectivamente superar su condición subordinada y explotada, deben luchar por eliminar la relación de trabajo asalariado, esencia del modo de producción capitalista.

“…la clase obrera no debe exagerar ante sus propios ojos el resultado final de estas luchas diarias. No debe olvidar que lucha contra los efectos, pero no contra las causas de estos efectos; que lo que hace es contener el movimiento descendente, pero no cambiar su dirección; que aplica paliativos, pero no cura la enfermedad. No debe, por tanto, entregarse por entero a esta inevitable guerra de guerrillas, continuamente provocada por los abusos incesantes del capital o por las fluctuaciones del mercado. En vez del lema conservador de: «¡Un salario justo por una jornada de trabajo justa!», deberá inscribir en su bandera esta consigna revolucionaria: «¡Abolición del sistema de trabajo asalariado!» (Marx, Salario, precio y ganancia).

Las dos grandes alternativas actuales de sociedad con respecto a la estructura económica, son el capitalismo y el comunismo. En Colombia la casi totalidad de los partidos políticos son defensores y promotores del capitalismo, aunque existan diferencias entre ellos con relación a determinadas políticas. Existe por tanto una escala de derecha a izquierda pero siempre en el marco de la defensa del capitalismo. Incluso el Pacto Histórico tiene como propósito un capitalismo humano, en el cual les corresponda a los trabajadores una parte más grande del valor agregado.  Solamente en forma marginal, algunos partidos o movimientos sin mayor peso político plantean la superación del capitalismo y el paso al comunismo. Hay representantes de ellos en el Congreso y en el ejecutivo pero nunca mencionan a Marx ni al comunismo.

En la práctica en Colombia hay, y ha habido, con respecto a la estructura económica y las relaciones sociales de producción un partido único: el partido del capitalismo. Evidentemente hay diferencias y conflictos entre ellos, como los hay entre los propios capitalistas que compiten ferozmente, aunque son una cofradía en su lucha contra los trabajadores. Pero, la existencia de puntos fundamentales en común se manifiesta en la facilidad con que pasan sus miembros de uno a otro sin sonrojarse. Algunos analistas señalan que en Colombia no hay partidos verdaderos o critican su extrema debilidad y transformación en maquinarias coyunturales para ganar elecciones por todos los métodos posibles. Pero tienen unidad programática en lo esencial, representan a una clase que domina materialmente (incluyendo los medios de comunicación), y ganan sistemáticamente todas las elecciones. Es en este sentido en el que me refiero al partido del capitalismo.

El partido del comunismo, sin embargo, no desaparece del todo. Sigue existiendo como un fantasma que atemoriza y preocupa, especialmente a destacados miembros de la extrema derecha como María Fernanda Cabal, Osuna, Miguel Uribe Turbay y tantos otros, que cotidianamente nos advierten sobre el peligro comunista.

Alberto Maldonado Copello

Foto tomada de: Psicología y Mente

Información tomada de sur.org.co