La semana pasada publicamos una columna de Guillermo Maya sobre la fusión de Tigo y Millicom. En esta, el autor explicaba la falta de aporte tecnológico y de capital de Millicom y las prácticas cuestionables frente a los recursos de Empresas Públicas de Medellín (EPM). Aquí está la segunda parte.

Cuando se disocia la propiedad de la gestión (agencia) de una empresa aparece el riesgo moral. Mientras el propietario maneja (agencia) su empresa, no hay riesgo moral. El riesgo moral surge cuando el propietario –accionistas, por ejemplo– delega la gestión de su empresa en un tercero como una junta directiva y/o gerente. ¿Por qué? Porque puede suceder que no se alinean las funciones de utilidad del propietario con la del agente porque este tiene otros incentivos y, por lo tanto, los objetivos del propietario no se logren. Debido a esto, se hace necesario una auditoría externa para que los agentes lleven a cabo el cumplimiento del mandato del propietario. Pero, aun así, a veces no es suficiente.

Este fue el caso de la Empresa Enron. La junta directiva de esta empresa, en asocio con la auditoría externa Arthur Andersen, realizaron maniobras y operaciones ficticias para finalmente defraudar a los accionistas. 

El premio Nobel de economía Joseph Stiglitz publicó una columna con el título “Capitalismo de amiguetes al estilo americano”, en donde analiza el problema del riesgo moral en Enron. Dice Stiglitz: “Podemos intentar inculcar mejores modelos éticos. Pero no podemos confiar en ellos cuando a tanta gente le parece que las puertas giratorias no tienen nada de malo. Ellos dicen que controlan los conflictos de intereses, pero nosotros vemos que pueden controlarlos para satisfacer sus propios intereses”. Enron se convirtió en el ejemplo de cómo una empresa privada puede ser objeto de fraude corporativo de los agentes y los administradores, en contra de los inversionistas, que perdieron casi todo su capital. 

Igualmente, el riesgo moral, en el caso de una empresa pública, también se hace presente. En el caso de EPM, el riesgo moral es subyacente en la relación entre los propietarios (los medellinenses representados en la entidad municipal) y el agente de los ciudadanos, el alcalde, que surge de un proceso democrático para dirigir los destinos de la ciudad. Después de ganar las elecciones, el agente-alcalde puede llevar a cabo o renegar de sus promesas. Aníbal Gaviria prometió que no privatizaría EPM, pero privatizó una parte de Une y entregó el control a Millicom. Engañó al electorado.

Millicom para hacer la fusión por absorción y tomar el control de la empresa Une-EPM pagó 1.4 billones de pesos, quedando con el poder de tomar “las decisiones relevantes”. Mientras, Une-EPM se sometía por decisión del Concejo de la ciudad y del alcalde Aníbal Gaviria, a pesar de su mayoría accionaria (50% + 1), pero sin mayoría con derecho a voto a las decisiones de Millicom en la nueva compañía. “Millicom tiene poder sobre una entidad cuando tiene derechos existentes que le otorgan la capacidad actual de dirigir las actividades relevantes, es decir, las actividades que afectan significativamente los rendimientos de la entidad. Por ejemplo, aunque Millicom posee menos del 50% de las acciones, en sus empresas colombianas, posee más del 50% de las acciones con derecho a voto”. 

Es decir, EPM como dueña de Une vendió el control de Une y quedó en manos de un “mayordueño” extranjero que solo ha buscado maximizar sus objetivos corporativos globales imponiendo sus decisiones. El hecho de haber vendido el control implica el sometimiento de EPM a los problemas de riesgo moral que esto desencadena. Es decir, que los objetivos económicos de EPM no coincidan con los de Millicom, y que prevalezcan los intereses de Millicom sobre los de EPM, como parece haber sucedido.

El control es todo en el entramado corporativo. La lucha entre el grupo Gilinski, apoyado por las superintendencias, y el Grupo Empresarial Antioqueño (GEA), que ha perdido la partida, ha demostrado que el punto clave de una empresa es quién tiene el control. Por esta razón, estos dos grupos están dispuestos a conciliar, para que cada uno de ellos, por separado, tenga el control de cada una de las empresas que estaban en disputa. Es decir, los Gilinski y los árabes se quedan con “Nutresa y entregan su participación en Sura y Argos”.

Tigo no ha repartido dividendos en Une en los últimos 8 años de la fusión  –solamente en 2016 con 233 mil millones por condiciones excepcionales de la propia fusión y para endulzar la opinión de lo buena que había sido la decisión que había tomado Aníbal Gaviria– como tampoco lo hizo en Tigo-Colombia Móvil. Al mismo tiempo, arroja pérdidas, que la concejala Aguinaga calcula en 703.000 millones de pesos entre 2015 y 2020, sin sumar las ocurridas desde entonces en los tres últimos años. 

Por otro lado, ¿a qué se debe la situación de angustia financiera de finales de 2023 de Tigo y que lo ha obligado a pedir una capitalización a EPM por 300 mil millones de pesos? Según Cataldo hay varias razones.

Primera. En 2019, antes de la pandemia, Tigo optó por expandir la red fija y no la móvil. Tigo “compró el espectro de 700 Mhz en 2019, y en marzo llegó la pandemia. (…) Tigo apostó a la banda de 700 Mhz, porque consideró que era la más eficiente de todas al requerir menos torres para cobertura y calidad, diferente a los requerimientos de bandas altas”.

A pesar de que Millicom es “experta en el sector” dice Eichmann, es decir, toma las decisiones con experticia y conocimiento técnico, se equivocó en la compra de la banda 700 Mhz. Como señala el exgerente de Eichmann: “la compra de dos bandas de espectro en 700 MHz (…), claramente un error de la junta directiva”.

Segunda. La aparición de la empresa móvil Wom que con sus precios bajos afectó el crecimiento de los usuarios de telefonía celular.

Tercera. La coyuntura macroeconómica de tasas de interés altas se trasladó a sus obligaciones financieras, afectando el flujo de caja, y la valoración de los activos.

Cuarta. Era necesario hacer los pagos atrasados para poder apalancar nuevos recursos bancarios y así poder “fusionar nuestras redes de acceso móvil con Telefónica y participar en la subasta del espectro 5G” dice Cataldo. Es decir, tener los recursos para el crecimiento de Millicom en el mercado colombiano.

Por otro lado, en 2017 la Contraloría de Medellín ya había señalado, acertadamente, que si Une-Tigo continuaba arrojando perdidas y se incrementaba el endeudamiento iba a tener que ser capitalizada: “es probable que se tenga que hacer una capitalización por parte de los accionistas, riesgo que precisamente era lo que se pretendía evitar con la citada fusión”. El brazo financiero de Millicom es EPM.

Esta última jugada de Millicom a EPM para recapitalizar a Une-Tigo, bajo las circunstancias de alto endeudamiento (5,2 veces su patrimonio) y el vencimiento de algunas deudas y el pago de los bonos a vencerse, fue prácticamente una jugada para poner a EPM contra la pared. Si EPM se metía la mano al bolsillo y capitalizaba a Une-Tigo, les darían la extensión de “la cláusula de protección del patrimonio público de EPM (…) hasta el 31 de diciembre de 2026”, lo que le permitirá a EPM vender sus acciones en Une-Tigo a Millicom no al precio actual –Jorge Andrés Carrillo, exgerente de EPM, calcula que la parte de EPM en Tigo-Une vale de 2,3 a 2,5 billones de pesos–, sino al precio que arroje la valorización de la empresa. En caso de no aceptar la compra por parte de Millicom, EPM puede ofertar a Une-Tigo en el mercado, y posteriormente repartir el total de la venta entre las dos partes. No sobra recordar que en 2024, EPM también tendrá que meterse la mano al bolsillo para recapitalizar de nuevo a Une. Cuando se trata de pedir dinero a EPM, Millicom siempre se presenta como Une-Tigo, pero en todas las tiendas, en el edificio insignia en Medellín y en los avisos publicitarios solo figura la marca Tigo. Eliminaron la marca Une, así como eliminaron la marca Ola. Sin embargo, el Acuerdo 17 de mayo 8 (2013) del concejo municipal estableció que “la sociedad conservará la razón social Une-EPM Telecomunicaciones”. Aquí tampoco nadie se da por enterado. No se cumple lo pactado.

Reflexión

¿Qué representa Millicom en este contexto para la ciudad de Medellín? Una transnacional poco transparente –por algo está radicada en un “guarida” fiscal–, amamantada por una empresa pública del orden municipal, de un país subdesarrollado, desde 2006.  Primero, EPM y ETB entregaron el control de Ola con la venta de 50% + 1 acciones (2006), y posteriormente EPM entregó el control de Une (2014) en la fusión con Millicom. Esta decisión es la mayor muestra del desparpajo de la llamada clase dirigente local para hacer negocios con los dineros y los bienes públicos de los medellinenses.

No es la primera vez. En junio de 2006, EPM compró el 50% restante de Orbitel, una empresa de telefonía fija, nacional e internacional, a los socios privados por 85 millones de dólares, que no los valía. La contralora de Medellín, Martha Cecilia Vélez Vélez, salió a cuestionar a la operación y señaló con un estudio que Orbitel apenas si valía unos 33.1 millones de dólares. Personas como ella no se encuentran en abundancia, pero las hay. Nada pasó, la operación se realizó, pero eso no habla bien de nuestros dirigentes locales. No olvidemos tampoco las culequeras de la elite regional en convertir a EPM en una multilatina, con inversiones cuestionables en Aguas de Antofagasta en Chile, en Panamá y en México, etc.

No deja de ser una ironía que en los centros de pensamiento de la élite antioqueña se hable de que “si Antioquia fuera un país, sería el tercero más grande de Latam en capital inversionista”. Esto, dado por su capacidad de expandir la exportación de capitales, que no crecen de la nada, sino en el mercado colombiano, a través de las llamadas multilatinas. Una de estas es EPM, de capital público, por supuesto, que tiene a una multinacional como Tigo-Millicom sin destetarse como si tuviera el derecho a vivir bajo la protección del municipio de Medellín. Mientras gran parte de los habitantes de esta ciudad viven en condiciones de pobreza y pobreza extrema, los suecos de Millicom y sus virreyes criollos viven a pierna suelta.

EPM en Une estaba, así como lo estaba haciendo en Ola, construyendo las capacidades gerenciales, de mercadeo (posicionando la marca y los servicios) y técnicas para manejar una empresa de comunicaciones de telefonía celular y otros servicios de valor agregado. Lo hacían a través del aprendiendo-haciendo, afrontando las consecuencias e incurriendo en algunas pérdidas y errores normales en un negocio nuevo. Todo ese aprendizaje se liquidó de una vez y lo asumió Millicom, pero sin incurrir en los costos para hacerlo. Las decisiones financieras y técnicas relevantes no siempre son tomadas con éxito por gerentes extranjeros y mientras EPM tiene que cubrir las pérdidas de la operación y del patrimonio. 

En fin, en Une se han perdido 10 años de aprendizaje gerencial y técnico, por parte de nuestro talento regional y nacional en la conducción de una empresa de telecomunicaciones moderna. Esta es la autopista para la cuarta revolución industrial de las tecnologías de la información y de las telecomunicaciones (Tics), pero los centros de pensamiento siguen exaltando el banano, las flores y los plátanos que demanda la diáspora colombiana.

Pero, no solo se perdió la oportunidad del aprendizaje y de ganar experiencia, sino también patrimonio. Según Carrillo, exgerente de EPM, en los libros de la empresa, la participación en Une-Tigo había sido registrada por 1 billón de pesos menos a los 2.3 billones en que estaba registrada. Es decir, se contabiliza como una pérdida de EPM y, entonces, afecta las transferencias al presupuesto del municipio y, por lo tanto, el gasto público del mismo.

En definitiva, no todo empezó con Daniel Quintero ni en la ciudad ni en EPM, aunque él haya sido pésimo alcalde. En 2014, el entonces alcalde Aníbal Gaviria tomó la desafortunada decisión de vender casi el 50% de la empresa y entregar el control de Une a Millicom. Esta venta se hizo con la cláusula de salida (o cláusula de protección del patrimonio público) del negocio, no hay vuelta atrás en la enajenación del negocio. Simplemente, no se ha consolidado la venta en un 100%, bien sea a favor de Millicom o de un tercero.Por su parte, el alcalde Federico Gutiérrez tendrá que tomar las decisiones que corten con este desangre económico. La participación en esta empresa podría estar alrededor de los 2 billones de pesos y no entrega ningún dividendo a la ciudad y, además, EPM es parasitada por una empresa extranjera. O se recupera a Une –cosa que no creo que se pueda hacer– o se vende lo que resta de una vez y por todas. Pero, ¿quién estaría dispuesto a comprar las acciones de EPM en semejante sociedad para quedar bajo el control del “mayordueño” Millicom?

Por Guillermo Maya Muñoz

Información tomada de lasillavacia.com

————————